jueves 30 de junio de 2011

Seguridad: no solo un enfoque regional

Ennio Rodríguez Economista

El crimen organizado opera con una lógica empresarial, diversifica riesgos y establece rutas alternas de distribución. Debe entenderse como una cadena de valor que, en cada etapa, distribuye riqueza a quienes participan. Compra lealtades y en entornos de pobreza, desigualdad social y debilidad institucional, incluso llega a suplantar al Estado en la provisión de servicios sociales y el monopolio en el uso de la violencia. Así, el Estado empieza a perder soberanía territorial.

Centroamérica está ubicada estratégicamente entre países productores y consumidores de droga, y con su tráfico vienen los crímenes conexos de tráfico de personas y armas, y la legitimación de capitales. Luego de los éxitos iniciales de Colombia, y más recientemente, México, la diversificación de rutas no se hizo esperar.

Los mapas que muestran los vuelos no reportados originados en Suramérica, ya nos solo se dirigen a la península de Yucatán, crecientemente aterrizan en el norte de Centroamérica. De Nicaragua al sur, se perfila un menor número de trazas de vuelos. Pero en cuanto a las lanchas no reportadas, las aguas territoriales desde Panamá al sur de México están infestadas. Las líneas se convierten en una mancha roja continua. El tránsito marino se torna en terrestre en toda la región, para seguir con sus rutas al norte.

De tal manera que la lógica del crimen organizado es transnacional y sus actividades transfronterizas. Sus estrategias de diversificación no dejan inmune a ningún territorio y, si bien el norte de Centroamérica es ahora su nuevo blanco favorito, las actividades de los carteles en el sur son crecientes. Congruente con esa lógica transnacional del crimen organizado, la respuesta requiere la coordinación regional para ser efectiva.

Cooperación. La seguridad es un concepto muy cercano del de soberanía y la cooperación internacional difícil. Pero la región debe construir a partir de las experiencias de cooperación policial existentes y de instituciones de integración que deberán fortalecerse y generar nuevas plataformas de confianza para atender estas nuevas tareas, con la prudencia y el cuidado que el desafío demanda.

Los esfuerzos políticos al más alto nivel para hacer un planteamiento regional estratégico balanceado y un conjunto de perfiles de proyectos y el diálogo iniciado con la comunidad cooperante a partir de estos planteamientos, son pasos en la dirección correcta. Pero estos primeros pasos deberán cuidarse con esmero. Centroamérica no ha tenido tanta atención de la comunidad cooperante desde el fin de la Guerra Fría; pero, para sacar provecho, deberá mostrar seriedad y compromiso con la implementación de su estrategia de seguridad. La cooperación internacional será creciente cuando se puedan mostrar logros y el empeño propio.

Pero la dimensión regional de la seguridad solo puede ser complementaria a los esfuerzos nacionales que le sirvan de asidero. Las estrategias nacionales demandan una gran alianza de la sociedad, los gobiernos por sí solos no pueden enfrentarse al embate del crimen organizado. Es necesaria la participación activa del sector privado, las organizaciones sociales y comunales, y los medios de comunicación deben jugar un papel importante.

La seguridad es tarea de todos y necesita recursos. Es costosa. Colombia, p. ej., estableció un impuesto al patrimonio con destino específico, y mecanismos de transparencia y rendición de cuentas con participación de la sociedad organizada. Pero el punto de partida no puede ser sino el local y territorial. Eso enseñan Bogotá y Medellín.

El éxito en el combate y prevención de la violencia y del crimen organizado requiere estar anclado en lo territorial y local, articularse con políticas públicas de Estado, coordinarse regionalmente con los países vecinos, y expandir las redes de inteligencia y colaboración a países productores y consumidores. Se requiere una concepción integral a partir de lo territorial y local, lo nacional y regional, insertos en la cooperación sur-sur y articulados con la norte-sur. No hemos enfrentado desafío mayor. Estamos a prueba.

La Nación, 1 de julio de 2011


domingo 22 de mayo de 2011

A repensar el sector informal

El sector informal es uno de los puntos de penetración del crimen organizado

En décadas anteriores, cuando la moda en materia de desarrollo era pensar que el culpable del subdesarrollo era el Estado y sus intervenciones, se llegó a plantear, incluso a idealizar, el gran potencial del sector informal. Se argumentaba que el Estado era generador de ese sector por sus ineficientes intervenciones y este, a su vez, un ejemplo de capitalismo creativo, el cual se debía estimular y dejar a sus anchas.

El romanticismo con respecto al sector informal debe repensarse. El sector informal actúa, por definición, al margen de la ley. Si un vendedor ambulante, por ejemplo, recibe productos defectuosos, tiene varios cursos de acción ante sí, en vista de que no puede acudir a las autoridades, puede tomar la justicia en sus propias manos y recurrir a la violencia, puede ignorar a quienes lo estafaron y estafar por su cuenta a sus clientes, o puede combinar ambos cursos de acción. El punto es que el sector informal puede tener una vinculación cercana con la violencia. Mayor informalidad, mayor violencia en el manejo del conflicto.

Ahora bien, cuando irrumpe con fuerza el crimen organizado, el sector informal pasa a desempeñar nuevos papeles. Uno de los mecanismos privilegiados del lavado de dinero del crimen organizado es el contrabando. Se compran productos de contrabando con dinero producto de actividades ilícitas, estos a su vez, se distribuyen por medio de las pandillas articuladas por el crimen organizado, al sector informal, el cual pasa a ser parte de la red de blanqueo de activos. En la actualidad, en Colombia, estos mercados informales, o “san andresitos” como se les conoce, ofrecen cualquier producto. Sufren el sector formal, el fisco y los consumidores, quienes atraídos por bajos precios, pueden ser defraudados o correr riesgos de salud por productos defectuosos.

Gran desafío. Los vendavales del crimen organizado apenas se inician en Costa Rica. Conforme los países del norte cosechen sus éxitos en la confrontación ya iniciada, habrá un desborde al sur. La geografía nos condena a tener que enfrentar al crimen organizado como el mayor desafío de nuestra historia contemporánea.

El sector informal, lejos de la imagen bucólica, es uno de los puntos de aquiles de penetración de la violencia y del crimen organizado, al convertirse en el último eslabón de la cadena. Es pertinente, por lo tanto, una estrategia de incorporación del mayor número al sector formal. Lo cual debe incluir simplificación de trámites para el establecimiento de empresas, programas activos de promoción de la legalización, incluida centralmente la capacitación, y el brazo fuerte también, particularmente con inteligencia, para desmantelar las redes de distribución del contrabando.

Las dimensiones de los programas de incorporación de micro- y pequeñas empresas al sector formal debe tener, además, dimensiones locales: tarea para los cantones y sus alcaldes.

Pero el sector informal es también resultado de la falta de oportunidades en el sector formal, ya sea por falta de crecimiento del empleo (bajas tasas de crecimiento económico) o falta de destrezas, particularmente de parte de quienes desertan del sistema educativo sin completar la secundaria. Por lo tanto, las debilidades de las políticas económicas y sociales contribuyen a la vulnerabilidad ante la irrupción del crimen organizado. De tal manera que repensar el sector informal debe llevar a repensar el propio Estado. Las actuales circunstancias demandan nuevos niveles de efectividad de sus políticas. No hay tiempo para la discusión ideológica. Un necesario salto de calidad y cantidad de las políticas preventivas en lo social y represivas en lo policial, así como un marco de crecimiento sostenido, deben ser el contenido de un diálogo y concertación nacionales y de ahí deducir las urgentes necesidades de la reforma fiscal. Es un asunto de seguridad nacional.

La Nación, 21 de mayo de 2011


Una pequeña secta que cambió el mundo

Gandhi reinterpretó el concepto de ahimsa para convertirlo en un arma social y política

El censo de población de la India registra 4,2 millones de personas que se autodefinen como pertenecientes al jainismo, lo cual probablemente subestime su número real, pues algunos seguidores de esta secta tienden a clasificarse como pertenecientes al hinduismo. En todo caso, es número pequeño de personas en un país de más de mil doscientos millones de habitantes. Incluso, para mi sorpresa, el diccionario de la Real Academia Española no registra el vocablo ‘jainismo’.

Sin embargo, el jainismo ha influido directamente a la mentalidad de la India con su vocación de no violencia, cuya aplicación jugó un papel clave en la independencia de ese país. Incluso, esta secta ha tenido un impacto importante en el cumplimiento de los derechos humanos en lugares tan distantes como Estados Unidos y Sudáfrica.

En el siglo VI aC vivió su fundador Mahavira, cuyo nombre significa “gran héroe”, mientras que Jain, “conquistador”. Como dato curioso, Mahavira fue contemporáneo de Gautama, Confucio, Lao Tzu y los profetas Jeremías, Ezequiel e Isaías.

Al igual que el budismo, el jainismo se rebela contra el hinduismo, ambos rechazan su politeísmo y las castas sociales. Pero mientras los budistas proponen el camino del medio entre los opuestos, el jainismo propone que la salvación del alma propia depende de la protección a todas las demás almas. Su concepto ético central es ahimsa o “no violencia”. De acuerdo con Mahavira, no existe característica del alma más sutil que la no violencia, ni virtud del espíritu mayor que la reverencia por la vida. Consecuentemente, entren otras prácticas, se someten a un vegetarianismo estricto.

Mahatma Gandhi tuvo como guía spiritual un conocido jain seglar, Raychandbhai Mehta, quien se dice lo influyó fuertemente, en particular, en su adopción del concepto de ahimsa. Si bien Gandhi manifestó que el hinduismo satisfacía su alma (e incluía en este al budismo y al jainismo), decía que ninguna religión era absolutamente perfecta y creía en la verdad fundamental de todas las grandes religiones. Creía en la búsqueda de la verdad por métodos no violentos.

Desobediencia civil. Gandhi reinterpretó el concepto de ahimsa para convertirlo en un arma social y política: la desobediencia civil frente al dominio inglés, incompatible este con su redefinición de la noción de dominio interior (inner self-rule en inglés, swaraj en sánscrito) y con renuncia, no solo entendida esta como una vida simple y pura (tapasya), sino también, en su versión, de compartir en el sufrimiento del conflicto. En el jainismo no existen dioses que ayudan a los humanos, la liberación es individual mediante la eliminación del karma a través de la práctica de ahimsa. Con Gandhi adquiere una dimensión socio-política.

Otros grandes líderes del siglo XX, quienes dejaron su marca en la vigencia real de los derechos humanos, se inspiraron, a su vez, en los conceptos y métodos de lucha de Gandhi. Cabe citar a Martin Luther King, líder de las lucha contra la segregación y discriminación racial en Estados Unidos, y Nelson Mandela, en su batalla contra el apartheid en Sudáfrica.

Algunos seguidores del jainismo han llegado a criticar la ecuación en Gandhi de ahimsa con su política de resistencia pasiva, pues consideran a esta última como una forma de violencia sutil. Pero, la verdad, es que, gracias a su interpretación, se logró una aplicación práctica de importancia histórica fundamental al dar contenido y método de lucha social en contra de violaciones flagrantes de los derechos humanos y, consecuentemente, contribuyó a la liberación del sufrimiento de millones de seres humanos que padecían esas violaciones. Derivaciones lógicas un tanto puristas de la noción de ahimsa pierden fuerza frente a esas realidades históricas.

Para concluir, otro dato de este estudioso de las religiones. Para Gandhi, ahimsa se puede, de cierta manera, equiparar con el concepto cristiano del amor. Al menos, agrego, en su dimensión humana.

La Nación, 8 de mayo de 2011

domingo 20 de febrero de 2011

Historia de dos ballets

En una noche fría de este invierno prematuro que ha azotado el hemisferio norte, caminaba hacia el Teatro Warner para presenciar el Cascanueces del Ballet de Washington. Dos elementos novedosos para mí: el Director Artístico Septime Weber sustituyó a la fundadora Mary Day, una verdadera institución, heredera directa de la tradición de Anna Pavlova y quien mantuvo al Ballet de Washington ajeno al vendaval que significó la influencia de Balancine de exploración de límites de velocidad y flexibilidad, primero en el Ballet de la Ciudad de Nueva York, pero luego en gran parte de los ballets de Estados Unidos. En segundo lugar, era la primera vez que no iba a ver bailar a ninguno de mis hijos.

La huella de Weber claramente establecida. Su coreografía montada como una introducción al ballet clásico, para familias con niños y para quienes ven en el Cascanueces su primer ballet. La escenografía espectacular, los cuerpos de baile con una sincronización solo fruto de largas horas de trabajo conjunto, los solistas fuertes, con buena presencia escénica y buen manejo de la técnica; las solistas, sin embargo, sin la pureza técnica que caracterizaba el Ballet de Washington de antaño y sin la explosión estética requerida para este gran clásico. En total, una buena noche, una gran introducción al ballet, con una muestra de los rigores del arte e invitación a futuras presentaciones de Weber.

No hay arte fácil, pero el ballet con su demanda corporal es particularmente demandante, una estética ilusionista de movimiento y equilibrios, que parecen desafiar la gravedad mediante desplazamientos de apariencia sobrenatural de cuerpos que flotan, suspendidos en la nada, para mostrar una estética deliciosa de líneas y expresiones. Nadie conoce la gravedad como los bailarines, precisamente para esconderla en sus movimientos y equilibrios de prestidigitadores y transportar a la audiencia a mundos mágicos de hadas, nieves bailarinas, espíritus y aves, movimientos en una sincronía y expresión del momento definidos por el compás de la música y la riqueza sonora y emotiva de la orquesta. Arte completo.

En una menos fría noche de San José acudí a una presentación del Ballet Clásico de Costa Rica. A pesar de su corta existencia, dieron muestras de una gran creatividad artística. Su coreógrafa y directora es mi hija Marianella, por lo que no presumo de objetividad alguna. Pero pude apreciar, en esta presentación propia de una escuela, sin las pretensiones de una compañía profesional, atisbos de un futuro prometedor. Bailarines que ya dan muestras de las explosiones del ballet cubano, pero con el rigor técnico ruso. Cabe recordar que gracias al trabajo conjunto de Tchaikovski y Petipa, en el Cascanueces se introdujeron influencias musicales y de danza multiculturales. Pues bien, esta creación de Marianella, dejó un sello de reflexión estética, dio un paso más, profundo y desafiante: la combinación de elementos de los bailes árabes y flamencos, pero fundidos en ballet clásico.Top of Form

En el ballet clásico, los movimientos de brazos y manos no adquieren independencia expresiva, acompañan, como complemento, al cuerpo entero. A su vez, tampoco se abre espacio para la sensualidad flamenca u oriental de ondulaciones de caderas y giros de cabeza en afirmación desafiante o invitaciones imaginarias. Los bailarines nos deleitaron con movimientos de manos de gran belleza y ritmos corporales de otras tradiciones, pero fundidos en los movimientos etéreos y en desafío de la gravedad propios del ballet clásico. Una síntesis de culturas y tradiciones de danza logradas en el equilibrio del eje clásico, en puntas y etéreos, pero con un salto expresivo artístico inusitado e inesperado. Una gran promesa de talento y creatividad que apenas muestra sus primeros frutos.

viernes 14 de enero de 2011

Esa hipótesis no necesaria

La negación de la conciencia universal no es más que arrogancia

El primero de enero los nortes se calmaron, el sol calentó y el atardecer encendió en rayos rojizos que se escapaban entre las nubes y alumbraban en conos invertidos al valle o sus montañas. Una leve brisa agitaba las campanas para atrapar el viento y emitir sus notas tranquilizantes. Luego del frío y la llovizna pertinaz, esa tarde, las orquídeas exhibían su delicada belleza y las hortensias rebosaban en sus tonalidades diversas, mientras los colibríes salieron de sus escondites para merodear las flores de los rabos de zorro.

Un café al aire libre invadía con su aroma inigualable, mientras la brisa refrescaba el rostro y los rayos vespertinos lo acariciaban delicadamente. La belleza exuberante pero delicada, con sus mejores ropajes, conecta con testigos conscientes, quienes en su deleite estético, responden con oleadas de suave ternura. Flujos y reflujos que expanden el corazón y aquietan sus latidos.

Belleza y amor entrelazados en medio de verdades o principios, que en su asombrosa simplicidad, explican esas realidades que se perciben y cómo son percibidas. Pero ¿y esa conciencia que observa y se observa observando, y no puede sino deleitarse cálida y serenamente en esa observación, no da sentido a semejante creación?

Testigo partícipe de la belleza, unido indefectiblemente por las mismas leyes de la física, pero también de una estética inmanente, como conciencia que las trasciende en ese momento de conciencia y gozo del momento efímero, fugaz en virtud de esas mismas leyes simples e inexorables.

Conciencia trascendente en su reflejo estético y amoroso, incluso capaz de recurrir a la palabra para tratar de recrear y de compartir ese instante fugaz de gozo desbordado de individualidad trascendida. Realidad consciente de una conciencia que se universaliza en ese instante fugaz y mutante que acompaña lo efímero de ese atardecer que hace palidecer los colores reflejados por esa naturaleza ubérrima y los cambios percibidos de temperatura y nuevas brisas. Testigo mudo en silencio de una conciencia trascendente en el instante de un devenir inexorable.

Arrogancia. Con gran arrogancia, Laplace en respuesta a la pregunta que le planteó Napoleón sobre la existencia de Dios, indicó : “yo no tengo necesidad de esa hipótesis”. Stephen Hawking en su reciente libro (The Grand Design) vuelve a revivir la argumentación “no es necesario invocar a Dios para' echar a andar el universo”. A partir de la existencia de la gravedad, “la creación espontánea es la razón que existe algo en vez de nada, por la que existe el universo, por la que existimos nosotros”.

Es decir, la gravedad es un principio organizador suficiente para el orden del cosmos. Lo cual deja sin responder, sin embargo, el por qué surge ese principio organizador. Es decir, la ciencia como reflejo consciente de la creación, puede descubrir sus leyes y su admirar su economía, simpleza y estética, pero sigue sin explicar de dónde surgen esos principios aglutinadores de los cuerpos celestes o de los átomos, de tal manera que la evolución material se hace posible.

Pero el desafío es aún mayor. La ciencia solo es fruto de la conciencia que descubre las leyes del devenir, las cuales no alcanzan a explicar el devenir de la conciencia individual; y menos aún su trascendencia en conciencia universal por aquellos caminos de la verdad, la estética y el silencio. Esa teología experimental que solo es vivencial o no es.

Por lo tanto, la negación de la conciencia universal, solo porque algunas conciencias individuales han podido describir algunos de sus principios operativos, no es más que arrogancia y falta de rigor científico de quienes no han podido, por falta de avance en la negación de su individualidad, descubrir la comunión universal, dimensión trascendente que conjuga la verdad con la belleza en su totalidad infinita.

La Nación, 14 de enero de 2011


miércoles 22 de diciembre de 2010

Aprendamos de las madres

Lo extraordinario del amor de madre es el heroísmo cotidiano

No conozco fuerza más grande que el amor de madre, capaz del máximo heroísmo. Circunstancias dramáticas, en general, invitan al heroísmo, aquel que antepone la vida y el bienestar de un tercero antes que la vida propia. Lo extraordinario del amor de madre es el heroísmo cotidiano. Aquel que se entrega sin pedir nada a cambio, sin cálculos autocentrados, día a día, sin dramatismo, sin nada extraordinario, sin adrenalina, en el anonimato. Ese es el amor de madre, la fuerza más grande porque no desfallece ni pide condiciones ante la adversidad pertinaz. Combina la resistencia del maratonista con la explosividad del velocista en el maratón de la vida. Cuando amemos al prójimo como las madres aman a sus hijos, ocurrirá una revolución milagrosa en la humanidad. La fuerza más grande sería la base de las relaciones humanas.

En este Día de la Madre debemos rendir homenaje a esas mujeres en condición de pobreza extrema que no desfallecen ante la adversidad para sacar a sus hijos adelante, heroísmo impresionante.

El cuadro es familiar. Un barrio capitalino, del frente de calle se ven unos cuatro o cinco ranchos. Se descubren trillos que dan acceso a más y más ranchos. Esas miradas sufridas y que, sin embargo, no han perdido su brillo; esas miradas quedan grabadas. Predominan las madres y sus pequeños. Rayos de esperanza, aunque no quieren ilusionarse, pues su vida anterior les ha jugado muchas malas pasadas. Impactan los olores, el acre de aguas negras que discurren a vista y paciencia, así como el humo de basura que se quema. Esos olores quedan con dolor en la memoria olfativa. Los adolescentes de mirada perdida y cuerpo destruido, ¿los perdimos para siempre? El paisaje de latas de zinc oxidadas y tablas semipodridas, cables que cuelgan y que solo un milagro explica que no haya incendios todos los días, y detrás de la tapia alta, también visibles, los condominios de lujo, habitados por quienes, gracias a la globalización, tienen las mayores posibilidades de consumo suntuario en la historia de la humanidad. El contraste brutal producto de la indiferencia de una sociedad que no recuerda su norte solidario y hace de un simple TLC su drama existencial.

Pero todo se resume en la mirada de aquella madre, recientemente desalojada por un juez. Aparentemente, un precarista logró desalojar a 38 familias, también precaristas, de un terreno del Estado. Ella vive hoy arrimada en el rancho de su madre, de un solo cuarto, suspendido en la margen de un río sucio, pero muestra con orgullo su lindo bebé de un mes, limpiecito, bien vestido, y el mayorcito de 7 años, lindos ojos verdes como su madre, limpio y educado. En medio de la miseria, esa madre exhibe esa fuerza tan grande del amor por sus hijos, que no desfallece a pesar de que en su vecindario se vende y consume la droga, a la espera de que la caridad organizada le brinde una mano para que sus hijos salgan adelante.

Falla de la sociedad. La pobreza extrema es un asunto de exclusión social en que la sociedad falla en suministrar los servicios básicos, que luego cobra cuando los excluidos tratan de incorporarse a la actividad económica y social. Las políticas sociales selectivas se pueden diseñar precisamente para remover esos factores de exclusión social, para que, en un marco de crecimiento económico, se pueda erradicar la pobreza. Es ciertamente un asunto de voluntad.

En este Día de la Madre, debemos aprender todos la lección, la que ellas cotidianamente nos brindan, y tomar la decisión, como sociedad, de tender la mano a esas madres que padecen pobreza extrema, para hacerles realidad su sueño de una vida digna para sus hijos.

La Nación, 15 de agosto de 2007

Nuestro subdesarrollo

La región latinoamericana no logra acelerar su paso hacia el desarrollo

Subdesarrollo es un concepto relativo que aplica a un país o región que no alcanza determinados niveles económicos, sociales o políticos. En la literatura sobre desarrollo económico, normalmente se utiliza para diferenciar los niveles económicos, sociales e institucionales entre un conjunto de países ricos o desarrollados y otro conjunto de países subdesarrollados o, para usar terminología menos fuerte, “en vías de desarrollo”. El problema es que la mayoría de los países subdesarrollados parecen estar atrapados en ese estadio.

Desde luego que medir el desarrollo es sumamente complejo. En este artículo, utilizo la medida más simple, el ingreso per cápita, la cual es fuerte para medir tendencias, permite comparaciones, pues las metodologías de cálculo, con todas sus limitaciones, son comparables y está fácilmente disponible. El desarrollo entonces podría definirse como un proceso de convergencia de un país o región hacia los niveles de ingreso per cápita de los países desarrollados. La divergencia creciente denotaría un mayor subdesarrollo y también sería posible una situación de estancamiento en la cual es país no modifica su situación relativa.

Para medir al conjunto de países desarrollados, se puede tomar a los miembros de la Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo (OCED), excluyo deliberadamente a México y a Corea de esa asociación. Si se compara el PIB per cápita de Costa Rica con el promedio para los países de la OCED, y se utilizan promedios por década para evitar movimientos de corto plazo, resulta que el PIB per cápita de nuestro país representaba alrededor del 18% del promedio de la OCED en las décadas de los sesenta y setenta y se mantiene alrededor del 15 % en las tres décadas siguientes. Es decir, Costa Rica mantiene una situación de estancamiento en los últimos treinta años y una divergencia si se consideran cincuenta años. En todo caso, no hay evidencias de convergencia. Es decir estamos estancados en nuestro subdesarrollo.

Otros países de América Latina han vivido una situación más dramática. Argentina pasó de superar el 50% del ingreso per cápita promedio de la OCED en la década de los sesentas a menos de 30% en la presente década. Venezuela, por su parte, cae de superar también el 50 % en los sesenta a alrededor de un 18% en la década del 2000. Chile, que presenta una de las mejores tasas de crecimiento de la región, muestra una pequeña tendencia hacia la convergencia en las últimas cuatro décadas; no obstante, apenas logra recuperar la posición que tenía en los años sesenta, todavía por debajo del 20%.

En resumen, ni Costa Rica, ni los demás países de América Latina, evidencian un proceso de convergencia sostenido hacia los niveles de ingreso de los países desarrollados. A pesar de todas las reformas implementadas, de diverso signo ideológico, la región latinoamericana no logra acelerar su paso hacia el desarrollo, mientras que algunos países incluso aumentan sus niveles de subdesarrollo relativo.

La convergencia es posible. Un grupo de países, pobres en los años cincuenta, han vivido procesos de convergencia. Esto es, han logrado tasas de crecimiento sostenidas significativamente superiores (más de 10%) a las de los países ricos. Incluye países tan diversos como Corea, Malasia, Singapur, España, Irlanda y Finlandia.

Las interrogaciones son muchas y se imponen: ¿qué hemos hecho mal? o ¿qué hemos dejado de hacer?, entre otras, y serán motivo de futuras reflexiones.

La Nación, 23 de setiembre de 2010